martes, 26 de julio de 2011

Exilio






Camine sobre las huellas de mi infancia,
camine sobre las huellas de mi juventud,
adolorida,
desafiante,
agresiva…

No pude ver el dilatado horizonte,
ni el mar,
ni las anemonas azules flotando en la costa,
solo vi la tremenda realidad que me dejo desértica
temblando sobre el oscuro fracaso de mi sentir cósmico.

Bien y mal difuminados hasta hacerse uno,
Dios vino sobre mis manos a atajarme simplemente;
Un pájaro rodo en vez de volar,
mi canto, más que nunca,
alzado como un grito sordo
(ya no sabe cantar, ya no sabe cantar),
sobre los golpes
las sombras danzando con la luz
contaminando mis pulmones.

Este camino es difícil
no hay héroes,
no hay pan,
no hay colores,
solo un camino inhóspito
sin hierbas,
sin brisa,
sin paisaje,
solo un camino,
solo un camino,
simple,
solo,
silencioso.


Neiffe Peña

martes, 22 de febrero de 2011





Noche limpia,
Perfil y ciudadela.
Noche ensimismada,
Cruenta noche en tus pestañas dormidas,
Noche sideral
Estremecida,
Noche de muslos erectos y nada más…
Corazón que vuela sin la certeza de tu aliento sobre mi asombro
Bajo la sombra presta de una fugaz llamarada…

Nadie puede saber lo que siento
Solo aquella estrella que se pierde a lo lejos de ningún camino.


Neiffe Peña

domingo, 19 de diciembre de 2010

Las Bicicletas.




En mi vida he tenido dos bicicletas y las dos han llegado en navidad. La primera fue una Benotto verde “cacho he ´burro” que me regalo mi padre cuando apenas cumplí doce años. Aun vivía el duelo de haber perdido a mi madre un noviembre infausto y de haber pasado la peor navidad que mi existencia pudiera registrar cuando mi padre decidió regalarme esa hermosa bicicleta. Mi hermana menor y yo estábamos jugando en la calle, como solíamos hacerlo desde que teníamos memoria. Al frente de mi casa de La Victoria estaba un terreno baldío lleno de grandes árboles, mangos, samanes y un sinfín de arbustos que adornaban ese terraplén separación de mi casa y del patio de mi colegio Inmaculado. Al final de la calle, justo a la altura de la casa de la Señora Eufemia, una gran Ceiba coronaba la luna decembrina que salía enorme cada noche y que nos permitía seguir jugando con los triquitraques y luces de véngalas (yo secretamente siempre vigilaba el cielo, no fuera ser que se me pasara de largo la estrella de Belén). Patinábamos como es costumbre en navidad en cualquier pueblo Venezolano cuando de pronto, a la vuelta de la esquina, esa tarde clara, azul celeste, apareció mi padre montado en mi bicicleta verde, sonriente, con sus lentes gruesos de carey, su guayabera amarilla y sus bolsillos llenos de plumas y estilográficas (siempre me pregunte para que una persona necesitaba tantas plumas para escribir…hoy día no lo objeto, también debo decir que el peine de carey de mi padre le combinaba perfectamente con sus gruesos lentes, detalle que me fascinaba, igual que sus botas tipo polainas, su maleta inglesa, su vaso plegable y su pelota de goma dura…era un tipo intrigante para mi mundo de niña ) mi padre no solía besarnos ni abrazarnos, era muy severo con las manifestaciones de afecto, pienso que como era muy sensible y le daba mucha emoción querernos no podía manifestarlo tranquilamente, además de que él fue criado arreando chivos y montando burros, cosa que no admite lagrimas, imperdonable era para un Coreano de la Sierra de Falcon que lo vieran llorar, aunque al final siempre lloraba y nosotras no sabíamos que hacer, si abrazarlo o salir corriendo.
La bicicleta era fantástica, de última generación, chirriaba de nueva, tenía un asiento largo y cómodo amarillo Piolín, ¿el tamaño? perfecto, mi padre se debió gastar parte de sus ahorros en ella…ese era mi Padre, siempre me dio las cosas que me gustaban, las que internamente me hacían más feliz. El, desde chica, me construía toscos instrumentos musicales, triángulos, chaperos, tambores, maracas y sonajeros, las crayolas, las temperas, los gruesos libros de dibujar. Me regalo mi primer Cuatro Cumanés, armaba pequeños autos para mí, me arreglaba los velocípedos y me regalo mi propia caja de limpiar zapatos, llena de cremas, pañitos de algodón y cepillos sacabrillo. También me llevo de viaje por toda Venezuela en un gran autobús de turismo, con su uniforme de chofer, corbata negra, camisa perfectamente blanca y almidonada, pantalones de gabardina azul y yuntas con su monograma. Justificaba la educación que nos daba (a tres mujeres) con el simple acomodo de vernos crecer como unas “Doñas Barbarás”, nos decía: las mujeres deben saber hacer de todo, desde acomodar una maquina hasta criar a sus hijos…y pues, en mi caso, ni lo uno ni lo otro, pero ¿para que desilusionar a un padre que traía una hermosa bicicleta a mis juegos?
Mi padre murió en Vigirima, hace poco más de veinticinco años, estoy pasando las navidades en Ensenada (nada más lejos de mi pueblo), el mar es frio, la tarde cae antes de la hora predestinada para el ocaso. Estos últimos tiempos han sido uno de los más exigentes de mi vida, termine mi año de Yaboraje el primero de diciembre y mi padre Eleggua está contento, mi salud va en franca recuperación (hace una semana ya no uso el bastón y mi pierna lesionada aun se tambalea, pero anda). Mi canto se ha expandido y crece como un jardín frondoso y silvestre, tengo diez días marcados con tinta indeleble que me sobrepasan el espíritu y la conciencia (el amor me da vueltas en la poesía y en las letras, hace cabriolas y preguntas y me deja suspendida como mago que pone a la muchacha a levitar) y…tengo una bicicleta roja.
Ayer fuimos a una tienda de segundas, ya la habíamos apartado con cincuenta pesos. Una preciosa bicicleta roja, aun no me aprendo la marca pero el manubrio es como los de antes, tiene cambios y una patica para poder estacionarla sin problemas.
El señor que nos la vendió me recuerda a mi amigo “El Capitán” quien vivía en El Supi, una playa de mi infancia y de donde es originario mi padre. El Capitán me enseño a nadar apenas tendría yo unos cuatro años, me contaba sobre la vida marina, los tritones y las sirenas, también me dijo que las ballenas eran más grandes que tres gandolas (cosa que apenas le voy contando a Sebastián). Me tuve que comprar unos tenis para montar mi bicicleta roja…fue la misma sensación la que experimente con mi bicicleta verde, el frio aire de la tarde cortando mi cara, la libertad de poder pedalear esa maravillosa bicicleta con mi pierna mala…nunca es tarde para montar bicicleta-pensé-para vivir y corregir lo que nos daña, nunca es tarde para volver a empezar, para restaurarnos de las catástrofes. En el parque donde me empeñe en dar algunas vueltas estaban dos niñas…recordé a mi hermana y a mi jugando en el frente de mi casa de La Victoria, con esa felicidad y esa inocencia que solo dos niñas pequeñas pueden tener, allí también estaba mi padre con la bicicleta verde, todos mis niños, el mar que me aguarecio y me hizo fuerte, mi bastón en desuso y las ganas de vivir y de recomponerme con lo cual quiero celebrar esta navidad, aquí junto a la Yolandita y su arbolito, que se también, es una ilusión de su infancia, de ese mundo con el cual, ninguna navidad tendría sentido…

Neiffe Peña

martes, 16 de noviembre de 2010

Vispera.




En víspera de mi natal cuarenta y siete miro la luna de soslayo y pienso…lo hiciste, pudiste con los dragones, con los fantasmas y con el desamor, no te mataron, no te mandaron al otro mundo derrotada. Me veo y me gusto, hay algunas cosas que cambiar de manera urgente, pero nada grave. Me gusta mi vida, incluyendo mis problemas, me gusta levantarme en la mañana y darle los buenos días a Guto y a Lu, quienes a estas alturas del otoño ya mueren de frio. Me gusta los libros que leo y la música que escucho, me gusta recibir la visita de Sebastián después del colegio y almorzar con él nuestra frugal ensalada y nuestro caldo claro, me encanta pasear a los perros cuando el sol esta tibio y reconfortante, ver las hojas moverse con especial salutación para mi alma y recorrer las cuadras familiares para llegar al café de Rosario a reclamar mi te chaing y que Guto disfrute de su donna o de sus pancitos dulces respectivos. Me gusta ser la bruja de la cuadra y escuchar tantas historias de la gente, consolar al afligido y regañar al intransigente. Me gusta rezar por las mañanas en mi altar bendecido, tan hermoso , me gustan las ofrendas y la reverencia que se practica en mi casa, mis vecinos, la colonia, la ciudad… comprar en el mercado mis vegetales, caminar en paz y saber que mi voz se levanta al viento cuando lo requiere la gente, me gusta amar el amor y creer en él a pesar de las malas experiencias, me gusta querer y que me quieran, consentir y que me consientan, dar amor y que me amen de vuelta, me gusta cuando regreso de viaje, a mi casa, a mi cuadra, a mi dirección que aparece en mi pasaporte y en mi cartas oficiales, me gusta mi poesía, mis canciones y mi valentía de cruzar los hospitales…a vísperas de mi natal cuarenta y siete me gusto…no se mañana si me caere gorda, no puedo asegurar nada, pero hoy, me gusto.

Neiffe

viernes, 29 de octubre de 2010

Altar de Muertos







He prendido los cirios y candelabros,
Las calabazas dulces han perdido su color naranja
oscuras y cristalinas se han convertido
en manjar apetitoso de fantasmas y aparecidos.

La luz de las veladoras abren un camino en cruz
marcando los cuatro puntos cardinales del mundo.
A un costado del altar, (que dedique a los amores difuntos),
una humilde olla de barro perfuma con aromas de
albahaca, laurel, romero y manzanilla el cielo.

Las trasparentes cadenas color “obispo” se mecen bajo el frio otoño,
doradas llaves abren las puertas del inframundo,
suenan frágiles sobre la vida como címbalos de papel picado
derramado bajo la verde esperanza del renacimiento.

Mis flores te despiden para siempre,
amor con perfume de comal donde crepita el incienso
que nebuloso baila delante de mis ojos
sabes llevar ese hermoso collar de Xenpaxuchil
pero quiero ver a tus pies pétalos blancos por los caminos renunciados,
en tus manos pistilos amarillos como la tierra que conoces tan bien.
Un lienzo sobre tu cabeza ungida de mujer virtuosa
tatúa en tu cara una cruz de ceniza que marca mi pulso

Va mi alma sola traspasando los campos de maíz,
chupando con regocijo de niña las pencas de caña dulce,
bañando el espacio de naranjas, tejocotes y claras jícamas,
partiendo el pan azucarado, mordiendo el chocolat de mínimas calaveritas,
Bebiéndome el agua
y poniendo en mi lengua la sal cruzo aquellos fríos y antiguos canales
dejando que mi guía,
un hermoso xoloitcuintle me conduzca a mi destino final
santiguando el camino con mi vara de espino.

Fue hermoso quererte como te quise
y por eso, fondo blanco
brindo con este mezcal sobre mi altar

¡Por los amores imposibles!
¡Por los amores huidos!

Crueles espejismos del corazón.


Neiffe Peña

jueves, 14 de octubre de 2010

A mis Cantoras del Opus Nigrum...Jakelin Liz, Elvis Carballo, Elba Camejo.




La música brasilera es tan sensual… recorre mi cuerpo milímetro a milímetro, toda mi piel se apega a unos violines que se deslizan entrelazados con unas violas y unos violoncelos, juegan descarados unos con otros como delfines que se mueven en el aire, van por la oscuridad de una melodía tremendamente sentida y real, a veces se unen y sus texturas provocan en mi una revolución, un desasosiego temporal, no hay más que cuerdas sobre esa poesía que canta un hombre…silencio, un piano entra trémulo y un falsete se despliega limpio como un rayo de luz sobre otra melodía fuerte e iluminada, un Bajo se deja caer graciosamente, pisa las notas y abre un camino extraño y pausado, como un viejo fumador que tose sobre un bar a media luz y se acuesta sobre el piano ebrio y a la vez “jalado”. Mis labios besan ese corno ingles y mi lengua lame esos címbalos para dejarse arrastrar por esa voz que me acaricia el corazón hasta el orgasmo mismo de simplemente escuchar una mandolina en una formación tan inusual. La percusión me posee, me toma de nuevo sin descanso para levantarme en esa poesía luminosa y total, alucinándome en las estrellas que danzan y en ese gutural idioma que calienta mi epidermis al solo recuerdo de andar posando mis pies en Copacabana, se agita mi respiración sobre esa guitarra voluptuosa que se refleja bajo la luna tranquila y cariñosa… !que beleza! ¡meu Deus! ahora soy una agitada hoja de los bosques de la misma Amazonia o tal vez una Carioca que corre con su novio en una playa azul y escalfada.
Una mujer, cantando desde su vientre mismo, con una voz gutural y raspada atraviesa el aire y se hace presente, puedo olerla, puedo sentir su respiración y sus cabellos, puedo temblar en su cuello, puedo desmayarme sobre sus senos, ella no canta, ella me desviste, me posee, sobre las cuerdas de su voz y de ese piano y así me hace suya. Arqueo mi cuerpo para recibirla y las puntas de sus dedos avanzan, me descorre, me atrapa ¡que saudade! ¡que sonho!...quiero quedarme allí, pero unas baquetas tocan la orilla de un Tontón, raspan un platillo y una dulce flauta baila para distraerme, para hacerme reír, loca risa que acompaña a un “palo de agua”. Vuelvo a la guitarra, su armonía es como un baño de agua de mar calmo, está llena de sol y de brisa, poco a poco, punteada y digitada dulcemente me habla en un idioma absolutamente intimo y despiadado, mi alma de poeta se derrite en aquella ánfora de conchas, indefensa me coloca en la arena y no deja que su melodía me permita ver el sol, solo quiere esa guitarra que mantenga los ojos cerrados, y sienta sed, sed de seguir escuchándola, hasta morir de placer. No hay un negro que no dance en mi sangre escuchando esas maracas de miles de formas, esas semillas amarradas que se contestan dentro de vainas y cintas, cueros, maderas, metales, arcillas…todo suena, selva que se convierte en verde, luz que se derrama en sombras, voces que salen de cuevas, desiertos que se germinan, ríos, peces, hombres, mujeres…todo contenido y suelto, maravilloso ritmo, sangre del Brasil, ritmo conjugado, constelación, cumulo infinito, lluvia regeneradora bajando por mi vientre y mojando mi sexo hasta hacerlo palpitar y explotar . He quedado preñada de esa música, he quedado embarazada de esos cantos, he quedado unida a ese mundo por la belleza, por el amor, por las historias y la transpiración misma de cada uno de los ejecutantes de estas canciones tan encantadoras y vitales, estoy enamorada de todos, estoy entregada, soy feliz, escuchando esta música del Brasil soy feliz, felizardo, rio, rio de felicidad…


Neiffe

jueves, 9 de septiembre de 2010

Bicentenario

Septiembre no es un buen mes para enamorarse, las flores andan casi desnudas, impúdicas, ridículamente despiertas antes de su muerte anunciada por un Octubre sigiloso y gris. Las noches de Septiembre no son como las de Mayo, diáfanas y clarividentes, noches de Septiembre neblinosas he impredecibles…toda noche de Septiembre es posible que se llueva sola, amargamente sola, desquiciadamente sola, ni que hablar de las noches de Agosto tan acompañadas y calientes o las de Julio con ese olor marino que sublima la candidez de unos labios ocultos. Septiembre es un mes solemne, hay desfiles, juegos pirotécnicos, compromisos, atenciones…es difícil enamorarse en Septiembre, no se puede, no se debe, hay que estar firme, sacar a pasear las banderas, tocar pitos y jugar con los últimos mangos del verano. Es difícil enamorarse en Septiembre, fácil es Diciembre con sus humeantes platillos que todo facilitan, los abrazos y regalos, el color del cielo incluso, igual que en Abril, Abril es un mes maravilloso para enamorarse, el mismo nombre te invita…Abril, Abril…así como lo es Mayo por excelencia, con ese alboroto de flores y las jacarandas desparramadas por todas las aceras, increíble Mayo y su primavera, los pechos se abren y vuelan como pájaros, todos los perfiles nos parecen bellos, todas las manos aptas, todos los pensamientos , en Mayo se calienta el planeta, los capullos exudan el invierno y la luz se traga golosa los colores para devolvernos ese poder liberador que llamamos “entrega”, el viento nos desnuda, sube las faldas, vuela las corbatas, todo toca tu realidad, suenas…maravilloso Mayo, maravilloso Abril, (Marzo incluso), místico mes donde las estrellas se encuentran en el cielo y los ríos se disparan hacia el mar en una danza fluida y seminal que desova la vida en correntadas orgásmicas…pero ¡Septiembre! ¿Quién se enamora en Septiembre? los tontos, los aprendices, los desadaptados, algunos ciegos y ¡Puta Madre!, las cantantes canas que no son lo mismo que las enanas calvas…que chingadera con el mes patrio.