domingo, 29 de julio de 2012

Doy pasos hacia un infinito incierto, las claraboyas son cada vez mas turbias, lo imposible toma su territorio. No hay cantos que traspasen mi piel…perforada por esa premisa me confundo entre la gente mientras engullo estrellas y vivo en un parque con ardillas huérfanas. Amanezco hablando con los peces de un estanque, mi locura me obliga a desayunar tréboles y a saludar a los caminantes (el amor es un sortilegio indecente, mal sano). Déjame recordarte aun ilusionada, curiosa. Déjame tu sonrisa y tu vestido negro, tu cabellera sobre mi rostro sin apuros y sin somnolencia. Déjame ese recuerdo para toda la vida, no me lo quites, no me despojes de esos momentos tan hermosos, déjame tu voz en mi lóbulo, tú té con aroma y cariño, déjame la toalla colgada sin sospechas, déjame tu espalda sobre mi gusto, tu madrugada sobre mi luna, déjame tu humedad en los besos…puedes irte, pero déjame a esa muchacha que me gustaba tanto…déjame ese amor que no fue, ese sofá rojo, ese invierno, esos diez días donde toque la gloria y me creí bendita.